Blog

Cuando la cosa en la relación empieza a ponerse seria.

Hay momentos claves en toda relación: El día que se conocieron, la primera cita, el primer beso y el día en que las cosas empiezan a volverse serias. Cuando eso pasa, tienes dos opciones: Huir lo más lejos posible o sacar lo mejor de ti y sorprender.

En la mayoría de los casos, la cosa se empieza a volver sería cuando él te lleva a una reunión con TODA su familia…Pero eso no es todo, ese día a alguno de los sobrinos le da por olvidar tu nombre y te dice tía.  Sí, yo sé, están sudando de recordar ese momento o de imaginarlo, si no les ha pasado… pero tranquilos, ese sudor frío y esa tembladera, no son nada comparado con lo que sientes al escuchar tu suegra decir la siguiente frase:

  • Mija, venga ayúdeme en la cocina.

Eso es una trampa mujer, ella no quiere que le ayudes, lo único que quiere es saber si eres digna de su angelito y si das la talla para ser la mamá de sus nietos. Así que tomen atenta nota de cómo salir victoriosas.

Cuando a mí me pasó, obviamente no le podía decir que no sabía nada de labores domésticas, que la única plancha que había usado en mi vida era la del pelo, que confundía el perejil con el cilantro y que su invitación me parecía muy machista.

Así que saqué mis mejores dotes de actriz y me fui hacía la cocina con una sonrisa sacada de las mejores novelas mexicana.  ¡Ah! vengan, eso no fue todo, mi novio completó la invitación con una risa burlesca acompaña de un: “Vaya mi amor” ¿Ah? ¿Acaso tenía otra opción? …  Ni les cuento la mirada que le hice, pero con todo e hipocresía en el rostro asumí el reto.

Una vez metida la mano, meter el cuerpo…. así que vehementemente entré a la cocina de la finca en la que estábamos. Una cocina súper clásica, con un comedor largo de madera en toda la mitad. A juzgar por la apariencia de la cocina fijo el almuerzo era sancocho y esta señora me iba a poner a desplumar gallinas, pelar papas y picar cebolla. Estaba temblando.

Mi suegra, muy querida ella me dijo:  – Mija ¿Qué hacemos de almuerzo?  La suerte estaba de mi lado, ella no tenía un plan y esta era mi oportunidad…. Tenía que pensar rápido y sacar mi mejor carta… Así que abrí la nevera y ¿adivinen que me encontré? Unos paquetitos de Costillas ahumadas, ¡sí!  de esas que saben rico con todo lo que le pongas ¡Dios era bueno! – Pensé.

Con la misma sonrisa con la que entré le dije que se sentara y que me dejara atenderlos.

Ella se sentó y empezó a hablar: Que si la familia, que si mi carrera, que qué hacían mis papás. En fin, me molió a preguntas, pero yo ya estaba como pez en el agua, empecé a responderle con mucha seguridad y con celular en mano y el navegador abierto, empecé a seguir las instrucciones de las costillitas a la BBQ paso a paso, no podía ser tan difícil, solo era leer bien y para eso sí era buena.

Seguí las instrucciones y entre charla y charla las costillitas ya por fin estaban caramelizadas y doraditas, se veían tan LINDAS. :3 Con mucha propiedad, repetí lo que decía la página: “Doña Ana, Deben servirse calientes”. Servimos mis suculentas Costillas a la BBQ.  Los comensales se lo comieron absolutamente todo. Era prueba superada y yo había quedado como una princesa. Y como dice Héctor Abad en su libro “Tratado de culinaria para mujeres tristes”: Si vas a preparar la receta de la suegra, que quede tan buena como para honrarla, pero no tan buena como para superarla.

Si usted es mamá, tenga compasión con sus nueras y si usted es la novia y está a punto de formalizar la cosa, invite a sus suegros a comer costillas a la BBQ, siempre funciona y en internet está el chancuco.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *